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¿Te estás preguntando de qué se trata todo esto? Escritores invitados comparten su perspectiva.

El aroma del corazón

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La primavera ha impregnado la atmósfera con sus más indelebles y embriagadores aromas. En cuanto salgo por la puerta se adueñan de mis sentidos y me apresuro a disfrutarlos de cerca. Caminar es un verdadero placer, y la mayoría de las fragancias que me deleitan —con sus perfumes intensos y fascinantes— alcanzan su cenit al ocaso. Así es que mi viaje olfativo comienza con los destellos moribundos de la puesta de sol.

Busco el alto y majestuoso frangipani, un árbol de la selva tropical australiana que puede crecer hasta veinte metros de altura. Es un árbol de hoja perenne cuyas flores aparecen en primavera y duran casi todo el verano. La forma atractiva de sus ramas y flores color crema atraen aves afortunadas y mariposas que se alimentan de su néctar. Puedo percibir la enloquecedora fragancia de las flores desde lejos, y a medida que me acerco inhalo el aroma embriagante y soporífero tratando de llenar mis sentidos con su perfume. Es un aroma agridulce, angelical. Cuando me siento bajo las ramas envolventes es absolutamente fascinante. Por último debo marcharme, porque si me quedo demasiado tiempo comenzará a dolerme la cabeza.

La tormenta que llega

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Para un niño que habita una pequeña casa en la costa irlandesa, solo una persona como el campesino Big John podía abrir la puerta a la aventura.

Nada había fuera de los límites: montar en tractor diesel marca Ferguson o en los retorcidos asientos metálicos de la parte trasera de una cosechadora destartalada, construir pilas de paja gigantes con los largos dientes de las horquillas, salir disparados para atrás por el poderoso retroceso de una escopeta, amontonar fardos de paja desde la mañana hasta el ocaso con los pies descalzos endurecidos durante los meses de verano, u obtener leche de vaca para hacer mantequilla.

Y la recompensa por todo este duro trabajo era una visita al cine local el sábado por la noche para ver al otro Big John: John Wayne.

Una aventura entre todas ha permanecido en mi mente a lo largo de los años y me recuerda lo importante que es en la vida de un hombre saber dónde está su hogar.

Estaba con Big John en su pequeño bote con motor fuera de borda, y pronto arribamos cerca del sitio que prometía buena pesca, a tres millas de la costa.

El camino interior

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Caminos de grava, venas en el corazón de Estados Unidos que dividen a medida que se unen. Existe una progresión natural. Primero, las sendas de tierra, que eventualmente abren paso a la grava. Los caminos de grava se convierten entonces en carreteras asfaltadas, y las carreteras crecen más y más hasta convertirse en autopistas. Las autopistas parecen dejar atrás la tierra que cruzan. Son los caminos más simples, como los de grava, los que están en mayor armonía con su entorno. Cuando dos vehículos se encuentran en esos caminos disminuyen la velocidad, su paso se vuelve un reconocimiento consciente. En una autopista vas hacia algún lugar. En el camino de grava estás haciendo algo.Ya estás allí.

Tengo un tierno recuerdo de juventud en donde me veo parado en el camino de grava que pasaba por la finca en la que crecí. Mirar todo a mi alrededor: el azul magnífico del cielo inmenso, el vivo verdor que se extendía en el horizonte en todo sentido, la banda recta color crema sobre la que me posaba firmemente me producía una maravillosa sensación de paz. Yo era consciente de que la tierra bajo mis pies era parte de un vasto universo en movimiento. Me sentía en la cima del mundo, de modo figurativo y literal. Me sentía totalmente en casa conmigo mismo dentro de esa existencia superior.

Invierno

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Invierno — temporada de cielos grises, fríos vientos y crepúsculos tempranos. Temporada de tormentas de nieve que llegan por la noche cubriendo todo con un espeso manto blanco, de manera que cuando te despiertas por la mañana el mundo está tranquilo y en silencio. Recuerdo esas mañanas de mi infancia en Michigan. Mamá nos envolvía en grandes abrigos, nos metía los pantalones dentro de las botas de goma, nos ponía los guantes, nos cubría la cabeza con gorros tejidos que nos tapaban la cara a excepción de la boca y los ojos, y nos mandaba a jugar en la nieve recién caída. Era la felicidad total. Ni siquiera notábamos el frío pues estábamos ocupados construyendo fuertes, excavando túneles y haciendo ángeles de nieve. Jugábamos hasta que la nariz nos chorreaba y la nieve derretida se convertía en hielo alrededor de los bordes de nuestras botas. Seguíamos jugando hasta que finalmente nos llamaba para entrar en la casa o hasta que oscurecía.

Invierno es también tiempo de desolación, todo parece muerto, sin embargo, de alguna manera surge algo hermoso: la sencillez de los rígidos árboles negros contra el horizonte, un copo de nieve, los árboles adornados de hielo.

El poder de la concentración

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Los australianos no consideran que sea “el lado equivocado de la carretera”, pero de donde yo vengo, eso es precisamente lo que es, de manera que cuando mi esposo y yo alquilamos un coche durante nuestra visita al hemisferio sur, ensayamos en el aparcamiento de coches de alquiler antes de salir. Mi esposo decidió rápidamente que conducir en Australia no era para él, o para nuestras vidas, y me entregó la tarea.

Durante dieciséis de los dieciocho días conduje sentada del “lado equivocado” del coche y en el “lado equivocado” de la carretera, utilizando luces intermitentes y limpiaparabrisas localizados en el “lado equivocado” de la columna del volante. Varios días conduje durante cinco, seis y hasta siete horas diarias mientras recorríamos carreteras sin rumbo fijo.

Tenía que concentrarme y volver a hacerlo una y otra vez. Cada día ejecutaba gradualmente las maniobras básicas de modo más automático: girar en las esquinas hacia el carril adecuado, mirar en dirección correcta para ceder el paso en una rotonda, dar marcha atrás para salir de un estacionamiento en diagonal y quedar en el carril correcto. Seguí accionando los limpiaparabrisas en lugar de las luces de dirección hasta el último día en que conduje, pero con concentración adicional casi logré dominar esto antes de volar de regreso a casa.

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