| Libertad Interior: Hablando en una prisión femenina en Argentina |
| Por Marcela Isaurralde |
| Jueves 14 de Octubre de 2010 10:21 |
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"En este lugar, donde la oscuridad está por todos lados, donde todo el mundo está prisionero, me has dado la llave hacia mi paz interior. Mi cuerpo vive en la oscuridad, pero mi espíritu vive en libertad". P.L., interna de la Unidad 31 Ezeiza (Argentina), Unidad 31 – Prisión femenina Nuestra Señora de San Nicolás. Jueves 7 de septiembre. Muy temprano por la mañana y a 30 kilómetros a las afueras de Buenos Aires, una zona llena de penitenciarías federales, llegamos con el equipo de producción para preparar la sala. Un enorme gimnasio de techo alto ubicado en la Unidad 31 de la prisión de mujeres. Las internas ya nos estaban esperando. Benita, que recibió el Conocimiento allí en la prisión, Marcelina, una mujer muy joven, Emma, Patricia, Graciela, Abuela, Mirta y las demás. Antes de que lo pidiéramos, estaban limpiando el suelo, los baños y las sillas. Algunas fueron a la panadería de la prisión para traernos el desayuno: pan y galletas recién hechas. El montaje fue sencillo: un podio bajo, un atril de madera y en frente unas simples sillas. Pero todo el mundo estaba disfrutando, el festival ya había comenzado. No era la primera vez que esas mujeres enviaban una invitación a Maharaji. Le habían escrito cartas, le habían pedido: “Si la paz es el perfume de Dios, por favor tráenos un poco, lo necesitamos”.
Pero justo cuando el día llegó, no lo podían creer. “Nuestras familias y amigos no vienen a visitarnos” nos contaron. “No responden a nuestras peticiones. Pero Maharaji no nos ha olvidado. Él ha respondido a nuestra invitación. Nuestro sueño se ha hecho realidad”. Cada martes durante tres años, hemos estado viniendo a ver a las internas, trayéndoles cassettes de las charlas de Maharaji, material impreso, pilas, pasteles y dulces. Están encarceladas por muy diversas razones: tráfico de drogas, contrabando de drogas (las usaban como mulas), asesinato, robo. Muchas son muy jóvenes, algunas han dado a luz aquí y vienen a nuestros pequeños eventos con sus niños en brazos o en cochecitos. Todas han tenido vidas duras, pobres y desgarradoras. Algunas no saben ni leer ni escribir y aprenden en prisión. Marcelina podía a duras penas hablar cuando la conocimos. Las hemos visto salir de la depresión y desesperación, de la soledad y de sus vidas rotas. Cada vez que las visitamos, nos agradecen que les llevemos el mensaje de Maharaji. Hemos visto sus caras llenas de felicidad y amor. Algunas están viendo Las Llaves, preparándose para recibir el Conocimiento, su enseñanza. Hay un libro en el que las internas pueden expresar lo que sienten. Algunas de ellas escriben en él: "M. gracias por recordarme lo que sé pero he olvidado: cómo encontrarme a mí misma. Te quiero, estás en mis plegarias junto con mis seres más queridos". C.S. "Una vez que una flor se abre hacia el sol, nunca puede regresar a su estado de capullo… y esa soy yo. Gracias, M, por tu mensaje". A.N. El día del evento, la mañana avanzaba, la sala se llenaba de alegría. La gente sonreía y se abrazaba. Las internas llevaban, en hermosos envoltorios, regalos hechos a mano: un gran cojín bordado con las palabras “Gracias por venir a la Unidad 31”, un pañuelo bordado con las iniciales P.R., una canción que Benita había grabado y otros cassettes con expresiones de amor. Eran casi las 4:00 p.m — hora de comienzo del evento. Uno por uno los invitados entraron en la sala: 120 personas en total. Caminaban en silencio, como si llevaran un tesoro. Aproximadamente 55 internas estaban ahí, 15 no pudieron asistir. Han sido “castigadas”, una noticia que dejó a algunas de ellas llorando.
Las demás sillas eran para las autoridades de la prisión, directores de otras prisiones, organizadores y sus invitados, y algunos de los que estamos involucrados en el proyecto de las prisiones. Las internas a la izquierda, las autoridades y sus invitados a la derecha. Todos los que no hablaban inglés tenían sus auriculares, excepto los guardias de turno que estaban de pie en la parte de atrás, vigilando a las internas: no querían escuchar. El padre de la prisión y sus ayudantes habían ido a tomar notas. Cuando Maharaji entró en el salón, fue un momento inolvidable. Vestía un traje oscuro y una corbata amarilla y sonreía con una amplia sonrisa. Cuando empezó a hablar, contó la historia del león y las ovejas, y las mujeres de la audiencia se rieron. Cuando hacía alguna pregunta, todo el mundo contestaba. Estaban en total sincronía con él. Él les dijo que la gente de fuera también está encarcelada, no en una prisión física sino en la prisión de sus miedos, deseos, pensamientos. “Sí, sí” dijeron ellas. Luego lloraron un poco más. Los guardias de turno de pronto mostraron interés: nos pidieron auriculares. El padre y sus colegas reían: se habían olvidado de tomar notas. Maharaji terminó su charla. Subimos al podio para darle los regalos de parte de las mujeres. El reglamento de prisiones les impide darle los regalos en persona. Maharaji sonreía, se lo veía muy feliz. Luego preguntó si alguien quería hablar con él. Lo teníamos todo listo para que solo cuatro personas hicieran preguntas, pero muchas más lograron llegar al micrófono. “Si no es una falta de respeto, ¿podría llamarlo ‘amigo’? preguntó Patricia. Cuando Maharaji dijo “sí”, le dijo que ella estaba leyendo su biografía, Peace is Possible (La Paz es Posible), y le pidió que se la autografiara, cuando él aceptó, elle le pasó el libro.
Maharaji respondió a todas las preguntas, se mostró amable con las internas. Cuando terminó, el director de la prisión dijo unas palabras: “Estoy completamente de acuerdo con el Sr. Prem Rawat cuando dice que nosotros que vivimos en el exterior somos prisioneros de nuestros miedos y deseos. Yo mismo quiero buscar esa libertad y aprender más sobre este mensaje”. Expresó que Maharaji le había conmovido, también habló de como Benita era un ejemplo de una persona que se había transformado. Maharaji dejó el escenario en medio de una gran ovación. Incluso los guardias aplaudieron. De pronto no hubo separación entre internas y autoridades. Todo el mundo se abrazaba, reía y lloraba. Una interna, Alexandra, aún no puede creer que él haya ido allí. “Sé que él es muy importante y va a muchos lugares bonitos para hablar, pero hoy ha venido aquí. Qué humilde, qué amable, qué llena de amor está esta persona”. El sacerdote nos pidió material de lectura. Después, cuando fuimos a darle las gracias, el director de la prisión nos dijo que un colega suyo, también director de una prisión, había asistido al evento y le había pedido que lleváramos el programa de Maharaji a la prisión que dirige. Quería copias de la biografía de Maharaji firmadas para él y para su amigo. La multitud de mujeres nos rodeó y nos contaron cómo se habían sentido: “Me hizo llorar y no es fácil hacer llorar a alguien en prisión” dijo abuela. “Somos muy duras aquí”. Graciela estuvo de acuerdo: “Tenía mis dudas sobre Maharaji… ¿qué va a decirme? Y pensé ‘todo es tan fácil ahí fuera’. Pero cuando comenzó a hablar, mi corazón se abrió y él derribó todos mis conceptos”. Una mujer, que trabaja en la prisión, nos contó que también tenía dudas sobre él. “Pero ahora lo he oído y lo comprendo. Él es tan sencillo, está en paz. Quiero llevarme material de lectura para mí, mi hermana y mis amigos”.
Benita empezó a tocar la guitarra, cantando la canción que escribió la noche anterior: “Aquí en Argentina, canto mi canción. He aprendido de este regalo de la vida gracias a ti. Llevo en mi alma palabras de paz que llenan mi ser. Quiero decirte que llevaré conmigo todo este amor que siento. Te digo adiós con mucha felicidad. Te doy mi canción como regalo”. Las internas no querían abandonar la sala, pero los guardias las llamaron gentilmente. Mientras formaban una fila para salir, se acumulaban las lágrimas en sus ojos y nos daban las gracias repetidamente. Todos salimos en silencio. Benita quiere difundir el mensaje de Maharaji en la prisión para que más internas puedan recibir el Conocimiento. Ella ha asumido la responsabilidad de distribuir Las Llaves y está grabando una cinta para enviarla a las internas de otras prisiones. Volveremos a verlas el martes de la próxima semana.
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